A la vigília d'oració amb els joves, a la Plaça de Lima de Madrid el passat
6 de juny, el Papa Lleó va respondre a 6 preguntes:
![]() |
| Abans de la vetlla de pregària, el Papa va respondre a les preguntes dels joves |
vatican.va
(1) Sabemos que San Agustín es muy importante para usted, pero ¿qué otros santos y qué otros referentes le han ayudado en su crecimiento como cristiano?
(1) Sabemos que San Agustín es muy importante para usted, pero ¿qué otros santos y qué otros referentes le han ayudado en su crecimiento como cristiano?
(2) Querría preguntarle ahora sobre sus años como misionero en Perú. ¿Qué
recuerdo o qué experiencia guarda como un tesoro de estos años?
Bueno, en primer lugar: ¡un saludo a todos vosotros! Gracias por estar aquí
y gracias por compartir la fe con toda Madrid y con toda España. Para la
primera pregunta sobre algunos santos que han sido para mí referentes
durante mi crecimiento y mi juventud, pero también como obispo y como Papa…
Ya han mencionado a san Agustín —y sabemos todos que san Agustín es una
figura muy importante para toda la Iglesia—, pero también he pensado en uno
de los Padres de la Iglesia oriental que se llamaba san Juan Crisóstomo, su
nombre significa “boca de oro”, un título que este Padre de la Iglesia
mereció porque tenía una elocuencia muy hermosa. Antes de su bautismo, que
tuvo lugar en el año 368 d.C, él estudiaba filosofía. Después se dedicó a la
exégesis de la Sagrada Escritura, junto con otros jóvenes de Antioquía, su
ciudad natal. Tras una experiencia como eremita, se entregó al servicio de
la Iglesia como sacerdote y luego, como obispo. Y aquí aprovecho para decir
a todos vosotros: ¡No tengáis miedo jamás de pensar en una vocación a la
vida sacerdotal, a la vida religiosa o a otros servicios en la Iglesia! Pues
Juan Crisóstomo, que llevaba en su corazón este amor por la Palabra de Dios,
después de ser sacerdote y obispo, dio un testimonio muy grande, sobre todo
con la coherencia de su vida. Si predicaba, era porque vivía ese mensaje. A
mí personalmente me han impresionado especialmente sus catequesis, sus
sermones, sus homilías y sus escritos que unen el amor por la verdad y la
rectitud de su vida. Pero también tenía mucha valentía. No tenía miedo de
hablar delante del Emperador, de decir cosas que eran a favor de la justicia
y no sólo para complacer al otro. Era un hombre de palabra.
Otro santo que he pensado es santo Tomás de Villanueva, agustino, que fue
llamado a convertirse, también, en pastor de la Iglesia. Era español.
Estudió en la Universidad de Alcalá y, por su sabiduría, se ganó la estima
del emperador Carlos V. Luego fue nombrado obispo de Valencia y emprendió
una intensa obra de reforma de la Iglesia, sobre todo del clero, exhortando
a sus hermanos a la perseverancia en la oración, en la vida de castidad y en
la obediencia. Por su ardiente caridad es conocido hasta hoy como “el Obispo
de los pobres”. Pues esta caridad me ha alentado en los momentos de prueba y
en los momentos de servicio.
Otro compañero de camino es santo Toribio de Mogrovejo, también español. En
el siglo XVI fue misionero en Perú, donde se dedicó con gran celo a la
evangelización, estudiando las lenguas locales. Santo Toribio unió una
intensa vida de oración al compromiso por la justicia, especialmente frente
a los abusos y la corrupción de su época. Por eso, para mí es un modelo de
entrega al pueblo, especialmente a los más pobres, en el nombre de Cristo.
Contemplando la vida de estos santos, como san Agustín, me dije a mí mismo:
si ellos fueron capaces, ¿por qué yo no? (cf. Confesiones, VIII, 27). Una
pregunta que también os confío con gusto, invitándoos a escoger ejemplos de
vida buena, que resulten atractivos tanto para vosotros como para los demás.
Pues, en cuanto a los años vividos en Perú, como misionero y luego como
obispo, recuerdo sobre todo el testimonio de fe de la gente, marcada por
muchas dificultades, pero llena de esperanza. Precisamente el encuentro con
las heridas y también con las alegrías del pueblo me hizo crecer en el
camino del seguimiento de Jesús. Mientras lo anunciaba, también yo era
transformado por el Evangelio, transformado por la vida y la fe de estos
pueblos, muchas veces materialmente muy pobres, pero ricos en la fe. Y
experimentando esta fe en la palabra del Señor, he visto cómo la Palabra de
Dios puede convertir el conflicto en paz. Puede ser fuente de
reconciliación, de paz y de justicia.
(3) ¿Qué considera que nos ayudaría a reconocer la voz de Dios entre otras
muchas voces?
(4) ¿Cómo podemos nosotros, también buscadores, acompañarlos en su proceso
de descubrimiento de la belleza de la fe?
Primero, podemos hablar de cómo escuchar esta voz de Dios, cómo discernir si
es verdaderamente Dios quien esta hablando u otra cosa, otra atracción, otra
dificultad.
Para reconocer la voz de Dios, puede ayudarnos ante todo el silencio, ahí
creo que es muy importante que cada uno de nosotros busque desarrollar la
capacidad de estar en silencio. Muchas veces vamos con audífonos, vamos con
la música, vamos con la distracción y no sabemos estar en silencio. Creo que
muchas veces es precisamente en esta experiencia de silencio donde Dios
puede hablarnos o donde podemos discernir la voz de Dios. Cuando buscamos el
silencio, decidimos qué no escuchar y de qué ruidos no dejarnos distraer. Al
liberarnos del estruendo de mil voces, reconocemos que algunas engañan
nuestros deseos, otras nos compran sin alimentarnos, otras hablan por
interés. En el silencio comprendemos que las ideologías pasan, mientras la
verdad permanece. Aquí también quisiera subrayar la importancia de buscar la
verdad, porque muchas voces, muchas cosas en las redes nos engañan y nos
cuentan mentiras. ¡Buscad siempre la verdad! ¡Dios es verdad! ¡Si te lleva
lejos de Dios, no es verdad! ¡No lo olvidéis!
En segundo lugar, tened la certeza de que Dios conoce bien tu voz, vuestra
voz: Él os escucha y os responderá. No tengáis miedo de expresar lo que
sentís en el corazón. Hay un Salmo que dice: «El que hizo el oído, ¿no va a
oír?» (Sal 94,9). Nuestro discurso interior se convierte en oración,
alabanza y súplica cuando es confiado al único que puede escucharlo. La
oración es una voz libre justamente porque no habla para rendir cuentas,
para demostrar que estamos preparados o para hacernos sentir importantes.
Cuando nosotros mismos nos convertimos en oración, el Señor nos responde con
su Verbo, que se hizo hombre por nosotros, afirmando que nos ama con todo su
ser.
En tercer lugar, para reconocer la voz de Dios es necesario escuchar la
Palabra. La Palabra de Dios está viva, porque es Cristo, cuya voz sigue
resonando en la Iglesia que es su Cuerpo. Él cumple todas las Escrituras,
ese testamento antiguo y nuevo dado a los hombres como promesa de salvación.
También la adoración eucarística, que esta noche compartimos, es
precisamente el lugar adecuado para guardar silencio, liberar el corazón y
“estar” nosotros mismos ante el Señor, dialogando con Él, de modo que se
haga elocuente en su amor, hecho alimento para toda la humanidad.
Además, queridos jóvenes, para acompañar a otros a descubrir la belleza de
nuestra fe, recordad que ninguno de nosotros nació siendo maestro y que,
ante el Señor, todos somos discípulos. Compartid pues, vuestro camino
espiritual, dando testimonio de él con coherencia de vida: la voluntad de
seguir a Jesús os renovará constantemente, sobre todo en la hora del
cansancio. En esto es importante ver que nadie esta solo creyendo en Jesús.
¡Mirad cuántos estáis aquí! Y así también, en comunidad, en los grupos de
jóvenes, en la familia, podemos todos aprender lo que es la belleza de
nuestra fe. Pues compartiendo vuestro camino espiritual la voluntad de
seguir a Jesús os renovará constantemente. Él camina a nuestro paso e
ilumina nuestro camino. Siguiendo el ejemplo del Maestro: así os invito a
actuar, como pastores, educadores, como amigos. Si rezáis con amor, los
jóvenes apreciarán la importancia de la oración. Si ardéis en la fe,
transmitiréis su fuego vivo. ¡Buscad todos en vuestros corazones este fuego
del amor de Dios! Pues ahí está la presencia de Jesús, y la presencia
cercana de Jesús se percibe incluso en los momentos de nuestras caídas,
porque Jesús no nos abandona. También cuando nos convertimos en mano
tendida, abrazo fraterno, cuando buscamos oportunidades para servir a los
demás y cuando buscamos cómo tocar la vida del otro con sus heridas, en su
tristeza, en sus dificultades. Ahí la fe en Jesucristo se hace viva, y ahí
es donde Jesús nos ayudará a sostenernos mutuamente en el camino.
(5) ¿Cómo podemos vivir los jóvenes cristianos comprometidos con esta
sociedad?
(6) ¿Cuál es la misión concreta que usted nos pide a los jóvenes de la
Iglesia?
Bueno, ¡felicidades por tu matrimonio Fernando! Aquí también he visto a
otras parejas que se van a casar: ¡Felicidades y bendiciones! Porque, si
antes dije “no tengáis miedo de pensar en una vocación”, el matrimonio
también es una vocación ¡No tengáis miedo del matrimonio y de formar una
familia!
A lo largo de los siglos de historia de la Iglesia, los cristianos hemos
vivido en todo tipo de sociedades, atravesando los cambios de las culturas
que hemos compartido y contribuido a formar. Hay un texto antiguo, se llama
la Carta a Diogneto, que nos ofrece al respecto una hermosa intuición: «los
cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo» (VI). Este es
nuestro modo de vivir: los discípulos de Jesús son siempre contemporáneos,
pero nunca prisioneros del tiempo que pasa. ¡Somos libres en Cristo! Y
Cristo nos ha liberado con su amor. Gracias a este amor, somos siempre
libres frente a toda coacción y engaño. Somos libres de las modas, porque
somos discípulos de la verdad; estamos abiertos al futuro, porque sabemos
que no nos espera la muerte. Al contrario, el sentido de la historia culmina
en la eterna comunión de vida que Dios prepara para todos. Desde esta
perspectiva, sobre todo vosotros, jóvenes, estáis llamados a dar una nueva
dirección a la sociedad, convirtiéndoos en protagonistas del cambio a partir
de vuestros vínculos cotidianos, aquello que vivís en la familia, en la
universidad y en el trabajo. Viéndoos, queridos jóvenes, llenos de este
entusiasmo motivado por la fe, me ilusiona pensar en la capacidad que tenéis
de testimoniar a Cristo en el mundo, incluida la realidad digital, para
comunicar los valores y la belleza del Evangelio (cf. Christus vivit, 105;
Saludo en el Jubileo de los misioneros digitales, 29 julio 2025).
Os invito, por tanto, a todos, a ser juntos sal de la tierra y luz del mundo
(cf. Mt 5,13). Para vivir así, es necesario ante todo interpretar la
sociedad presente, viviendo con sabiduría, para poder después transformarla
como testigos del Evangelio. El joven cristiano, en efecto, se vuelve
luminoso tanto en la alegría como en la prueba, dando sabor a la realidad
porque la habita como una persona que disfruta de la vida en su interior,
sin esperar que el gusto se lo den la riqueza, el placer o el poder. Esta es
nuestra libertad, que tiene su fuente en la fe, que es capaz de dar luz y
buen sabor a toda sociedad, a toda experiencia humana. En cambio, cuando la
vida no sabe a nada, es como si nos fuera arrebatada: ya no la sentimos
nuestra. Ante el vacío de la indiferencia y del conformismo, ante la
violencia de la guerra y de la mentira, sed vosotros mismos chispa de una
humanidad nueva.
Y entonces, quiero confiar a todos vosotros una misión: que seáis humanos.
Sí, ¡sed humanos!: hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino
rostros fiables. Personas que buscan la justicia porque tienen hambre de
ella, como del pan de cada día. Personas que desean una vida honesta y
recta, porque gustosamente hacen a los demás lo que querrían que los demás
hicieran con ellas. Sed humanos como lo es Cristo, el hombre perfecto, el
Resucitado que comparte con nosotros la historia en todo tiempo. Cultivando
este compromiso, mirad a los Apóstoles, a los primeros cristianos,
habitantes de un mundo pagano. Siguiendo su ejemplo, sed misioneros del
Evangelio ante las pobrezas materiales y espirituales de nuestro tiempo,
sabiendo bien que nuestra fe es un estilo de vida que se cumple en la
caridad (cf. Ga 5,6). Ésta, queridos jóvenes, es la virtud que cambia la
historia más que ninguna otra. ¡Vosotros podéis cambiar la historia!
¡Hacedlo con el amor! Muchas gracias.

Comentaris
Publica un comentari a l'entrada